Siete años sembrando comunidad: mujeres y colectivos de Lekil Lum en Ocosingo y Chilón, Chiapas.

En Lekil Lum, el trabajo comunitario se ha construido con tiempo, confianza y presencia cercana en el territorio. Es un proceso que no comenzó con grandes infraestructuras, sino con encuentros, asambleas y el deseo compartido de organizarse para cuidar la tierra y la vida en común.

En la Región Avellanal, en Ocosingo, los colectivos de Santa Elena, Santa Isabel, Candelaria, Palestina y, más recientemente, Rancho Nuevo, sostienen desde hace más de cinco años una experiencia organizativa que hoy es referente en sus comunidades. Cada colectivo cuenta con su Mesa Directiva Local y, en articulación, con una Mesa Directiva Regional que mantiene la comunicación y el acompañamiento entre comunidades. En estos espacios, la participación de las mujeres en los cargos de representación alcanza el 73%. No es una cifra aislada: es el reflejo de mujeres que opinan, acuerdan, coordinan y dan rumbo al trabajo colectivo con el respaldo de sus compañeras y compañeros.

A partir de esta organización se impulsaron cinco huertos colectivos que se convirtieron en verdaderas aulas vivas. En ellos se comparten prácticas agroecológicas como la reproducción de semillas, la preparación de abonos orgánicos, el control natural de plagas y el cuidado cotidiano de los cultivos. De estos aprendizajes surgieron también nuevas iniciativas: una granja de aves de traspatio, estanques rústicos para la reproducción de peces, una panadería comunitaria, módulos para la elaboración de azúcar mascabado y panela, y jardines herbolarios. Estas experiencias han fortalecido la alimentación familiar, el intercambio local y, sobre todo, el trabajo compartido entre mujeres y hombres desde el respeto y la corresponsabilidad.

En la Región Ch’ich, en Chilón, los colectivos de mujeres de Tim, Corostic y Coquite’el Segunda Sección han consolidado procesos organizativos donde el 95% de los cargos en las Mesas Directivas Locales son asumidos por ellas. Este liderazgo ha implicado fortalecer la confianza en su palabra y su capacidad de decisión en contextos donde tradicionalmente han sido los hombres quienes ocupan esos espacios.

Aquí, los huertos de traspatio se han transformado en espacios de experimentación y aprendizaje frente al cambio climático. Se reproducen semillas nativas y tubérculos más resistentes al calor, se implementan prácticas de acolchado con hojas secas de plátano y doblador de maíz para conservar la humedad del suelo, se elaboran semilleros para proteger las nuevas plantas y se rescatan plantas medicinales que hoy forman parte del cuidado cotidiano de la salud familiar mediante la preparación de tinturas y jarabes. En Corostic, además, mujeres y hombres han retomado la apicultura con la instalación de apiarios, recuperando saberes heredados y generando nuevas posibilidades productivas con la miel.

En ambas regiones, la formación de promotoras comunitarias y promotores regionales ha sido clave para multiplicar estos aprendizajes y fortalecer la autonomía organizativa. Son ellas y ellos quienes acompañan, motivan y dan seguimiento a los huertos, a las iniciativas productivas y a la vida organizativa de los colectivos.

Este proceso no ha estado exento de dificultades. La migración de jóvenes y esposos, las deportaciones, la incertidumbre económica, la escasez de agua en temporadas de sequía y las situaciones de violencia comunitaria afectan de manera directa la vida de las familias, especialmente de las mujeres y niñas. Sin embargo, estas realidades no han detenido el caminar de los colectivos. Por el contrario, han reafirmado la importancia de organizarse, de compartir saberes y de fortalecer la red comunitaria como una forma de cuidado mutuo.

Lekil Lum ha acompañado este proceso de cerca, aprendiendo junto a las comunidades y siendo testigo de cómo, cuando las mujeres participan y deciden, los huertos crecen, la organización se fortalece y la esperanza encuentra un lugar donde sembrarse.

Mirar este camino recorrido es motivo de alegría y reconocimiento. Es celebrar el esfuerzo cotidiano de los colectivos, la fuerza de las mujeres y la convicción de que el trabajo en comunidad sigue abriendo posibilidades para cuidar el territorio y continuar sembrando futuro.